De lo autóctono a lo universal en el Benito Bowl
Foto por J. Amill Santiago vía Unsplash
La. Rvda. Abigail Medina-Betancourt
El espectáculo de Bad Bunny en el medio tiempo del Supertazón puede analizarse desde diversas perspectivas, tantas como para escribir un libro. Reconozco desde este momento que dejaré muchas áreas sin cubrir — como el silencio ante el genocidio de Palestina — por falta de espacio. Ya se ha dicho mucho acerca de esta participación y de sus significados culturales, lingüísticos, decoloniales, de afirmación racial, de roles de género y de denuncia social, entre otros. Sumo mi voz a ese coro de reflexiones desde mi contexto como mujer puertorriqueña que vive en una de las colonias más antiguas del mundo, socialista y ministra bautista ordenada.
Benito Antonio Martínez Ocasio se vale de técnicas ancestrales del arte de relatar historias para desarrollar su magistral presentación. Para escuchar una historia no es necesario saber leer ni escribir. Por ello, la narración oral y visual es una excelente herramienta para la educación popular en este contexto, ya que no es necesario que entiendas el idioma para comprender el mensaje. En su presentación, Benito hila parte de la historia puertorriqueña mediante diversas estampas que comienzan en un laberinto de cañaveral, donde se representa una diversidad de profesiones y oficios. Tanto en este laberinto como en sus otras estampas, los protagonistas son personas de la clase trabajadora (blue-collar workers), la misma clase social en la que Benito creció. Aunque son historias puertorriqueñas, también son historias universales de la clase trabajadora. Cualquier persona, en cualquier parte del mundo, que pertenezca a la clase obrera puede identificarse con estas imágenes sin necesidad de entender las palabras que se cantan.
“Estás escuchando música de Puerto Rico, de los barrios y de los caseríos” -Bad Bunny
Cuando Bad Bunny interpreta «NUEVAYoL», vemos una estampa producto de la ola migratoria de puertorriqueños hacia los Estados Unidos, impulsada por el programa Manos a la Obra, que se dio en las décadas de los 40 y 50. Los barrios que menciona Bad Bunny en su canción no son los de las áreas afluentes, sino los barrios multiculturales compuestos por la clase obrera inmigrante, donde se asentó la mayoría de los puertorriqueños que llegaron a los Estados Unidos en esa oleada.
Son esos mismos barrios los que hoy se ven afectados por la gentrificación. Gentrificación que se extiende a Puerto Rico y a otros países — ya que este problema no es geográfico, sino de clases. Es por esto que «Lo que le pasó a HAWAii» se ha convertido en un himno de los desplazados de la tierra, no solo de los puertorriqueños. Cobra mayor significado que sea el puertorriqueño Ricky Martin — el pionero de la globalización del pop latino — quien interprete este lamento sobre la emigración forzada. Si bien es cierto que Ricky es multimillonario y que su emigración no fue forzada, sí pagó un alto precio en la década de los 90 para llegar a la población global, como, por ejemplo, cantar en inglés y mudarse de Puerto Rico para tener más exposición. Yo diría que Ricky se mudó para que Benito hoy pueda quedarse.
Cuando Bad Bunny dice que “estamos escuchando música de Puerto Rico, de los barrios y de los caseríos,” está — al estilo de Jesús — ubicando a las personas marginadas en el centro desde donde destaca su dignidad humana.
La interpretación de Ricky Martin se ve interrumpida por «El Apagón» del mismo modo que la vida de millones de puertorriqueños se vio interrumpida por el apagón general que nos afectó luego del huracán María. Apagón que aún no se ha resuelto por completo, ya que la inacción y la corrupción gubernamental arrasan el país del mismo modo que lo hizo el huracán. Pero, a la vez, esta estampa se entreteje con «Lo que le pasó a HAWAii», ya que ello ocasionó una nueva oleada migratoria a los Estados Unidos. Del mismo modo ocurre con billones de personas en el mundo, que se ven obligadas a emigrar, afectadas por las guerras, la hambruna, los asedios, el genocidio y la impunidad de los agresores.
Cuando Bad Bunny dice que “estamos escuchando música de Puerto Rico, de los barrios y de los caseríos,” está — al estilo de Jesús — ubicando a las personas marginadas en el centro desde donde destaca su dignidad humana. Benito narra en una entrevista que ofreció al medio The Fader que su madre lo educó en la iglesia y quiero pensar que fue allí donde aprendió sobre la opción preferencial de Jesús por los pobres. Hoy Benito modela el evangelio de Jesús, a pesar de que esto incomoda a muchas personas cristianas.
«CAFé CON RON» comienza al son de la plena — descrito por historiadores culturales puertorriqueños como “género musical urbano de raíz africana gestado por la clase obrera puertorriqueña” — y con la expresión: “God bless America, o sea[…]” y a partir de ahí comienza a mencionar todos los nombres de los países y colonias que componen el continente americano. Con esta expresión Benito repite lo que el resto del continente americano sabe desde siempre: que América es un continente, no un solo país. Lo que ha sido innovador para mí es que, en este momento, Benito no destaca la identidad latinoamericana (como ya lo han hecho otros artistas), sino la de todas y todos los americanos, sin importar sus divisiones lingüísticas o geográficas.
Los relatos que narra Benito son tan particulares como universales. Por medio de su relato, Benito toma lo autóctono puertorriqueño y lo teje con lo americano y con lo universal. Para eso, usa el hilo conductor de la identidad de clase, las perspectivas de género, la emigración y otras experiencias humanas que nos unen al mundo oprimido. Benito nos lleva por una trayectoria que va desde Puerto Rico y el Caribe hasta los Estados Unidos, América Latina y América (el continente), que nos une con las personas oprimidas en cualquier parte del mundo. Bad Bunny nos llevó de lo particular a lo universal en 13 minutos. Tal es el poder de la narración de historias.
La Rvda. Abigaíl Medina Betancourt es la coordinadora nacional de Relaciones Interculturales, American Baptist Home Mission Societies. Lea la versión en inglés de este artículo aquí.
The views expressed are those of the author and not necessarily those of American Baptist Home Mission Societies.
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